
Vivimos muy deprisa, cuando nos queremos dar cuenta hemos dejado atrás etapas como la infancia, la convulsiva adolescencia, la juventud y nos encontramos a un paso de la incertidumbre.
El Evangelio según San Mateo, en su capítulo seis y versículo veinticinco, recoge una serie de preguntas retóricas muy didácticas realizadas por Jesús. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido?; la respuesta es obvia y va implícita en la pregunta. Pero cuando uno se acerca al modelo de hombre y mujer ideal que nos presentan la publicidad y la moda en especial, y que se ha convertido en el ideal de nuestra sociedad, ya no está tan claro.
Las preguntas de Jesús nos conducen a una con mayor trascendencia, ¿Qué es lo realmente importante en la vida?, ¿te lo has preguntado alguna vez?. La respuesta es tan variada y diferente como personas hay en el planeta, es como si no existiese una única respuesta acertada.
Si le preguntas a un niño. Lo más importante de la vida puede ser el juguete que en ese mismo momento tiene en la mano.
Si le preguntas a un adolescente. La respuesta podría ser Yo, mi teléfono móvil, mis amigos, el momento.
Si le preguntas a un adulto. La respuesta puede ser mi familia, mi trabajo.
Si le preguntas a un anciano, la respuesta puede ser mis recuerdos.
La percepción materialista y egocéntrica que el ser humano, hombre y mujer, tienen sobre la vida es bastante insuficiente. El sistema de prioridades y valores en los que el alimento es más importante que la vida, y el vestido más que el cuerpo, propicia que lo que parecemos, es decir la estética, sea más importante que lo que somos, la ética, y esto puede conducirnos a vidas cargadas de frustración, insatisfacción y hastío.
Jesús nos invita a considerar, es decir, a fijar nuestra atención en la naturaleza (26, 28, 29 y 30), no precisamente a lo que estamos haciendo, que no es otra cosa que destruirla, sino más bien a darle el valor que tiene y a considerarla para aprender de ella y que entendamos de esta manera, el valor que la vida del ser humano tiene en sí mismo, ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? , ¿No hará mucho más a vosotros?, todo ello, sin necesidad de cargarlo de cosas. porque como bien dijo Jesús, "la vida del hombre no consiste en la abundancia de bienes que posee" (Lucas 12:15-21).
Si se me permite estoy hablando del valor espiritual de la vida misma, el significado y el propósito por el que estoy aquí en la tierra, mi propio ser, objeto del amor eterno e incondicional de Dios, que envió a su Hijo unigénito para que todo aquel que en el cree, no se pierda y tenga la vida eterna.
El Dios que nos creo y formó en el vientre materno (Salmo 139:13-16), te conoce con absoluta certeza (Salmo 139:1-12), significas mucho para él, hasta el punto que como recordamos en estas fechas se encarnó en Jesús, y llegó a morir por tí, resucitando para ofrecerte una esperanza de eternidad.
Termino, afirmando que desde esta otra percepción de la vida, tu vida y la de todo ser humano, sea hombre o mujer, independientemente del sexo, credo religioso, edad y/o condición social, ha tomado un valor muy diferente.
Te invito hoy a que pases a este lado, a que busques primeramente el reino de Dios, es decir, a Dios mismo, a ese Dios personal, que te creo con un propósito, para el que significas mucho, el que te amó y envió a su único Hijo a morir por tus pecados y a resucitar para garantizarte un mañana con él.
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