
Credibilidad
LEER: 1 Pedro 2:11-21
Manteniendo buena vuestra manera de vivir […]; para que […] glorifiquen a Dios […], al considerar vuestras buenas obras. —1 Pedro 2:12
La reciente crisis financiera global ha hecho que la gente preste más atención a su informe crediticio. Cuando era fácil conseguir créditos, porque iba en beneficio de todos, es decir, no sólo de quien recibia sino también de quien los otorgaba, estos últimos mediante bonos o beneficios escandalosos, algunas personas comenzaron a usar el dinero de forma descuidada, y los bancos empezaron a producir instrumentos financieros para ganar más a costa de la salud del tan recurrente sistema. A unos no les importaba ahorrar para comprar lo que querían; simplemente, pedían prestado, y a otros, no les importaba asumir riesgos inasumibles para ganar más. A ninguno les importaba mucho tener deudas. Pero llegó lo inevitable, una crisis, y entonces las cosas tenian que cambiar por completo. De pronto, tener un buen crédito se convierte en algo sumamente importante e incluso imprescindible. Alguien dijo: «La reparación de crédito no es algo que puedas comprar, sino que debes trabajar para conseguirla».
El mismo principio se aplica a la credibilidad en la vida. No la podemos comprar, sino que es algo para lo cual debemos trabajar. Quizá podamos «tomar prestada» temporalmente cierta credibilidad al asociarnos con personas confiables, pero, tarde o temprano, necesitaremos obtenerla de forma personal.
La credibilidad tiene que ver con la capacidad de generar confianza. ¿Cuál es el problema? En mi opinión, y con relación al asunto de la crisis, la doble vara de medir que existe, la exigencia que las instituciones financieras demandan del solicitante para la adquisión de credito y/o confianza, y la poca o nada exigencia al sistema financiero para que no cometa los errores y abusos que nos ha llevado a esta situación de crisis, además de la utilización de dinero de todos los contribuyentes para el rescate del sistema financiero, sin olvidar a los que tienen la capacidad de legislar que permanecen en estado de letargo ante esta situación, y no me refiero exclusivamente al gobierno sino a toda la clase política, que por cierto dispone también de muy poco credito según la última encuesta del CIS, situándo a la clase política como la tercera gran preocupación de la ciudadanía en nuestro país.
Lo que es evidente que existe una gran crisis de confianza y credibilidad, en mi opinión justificada, por una clara falta de valores éticos y morales. Esto suena bastante mal, que desde la fe y la religión se hable públicamente de sus valores se considera políticamente incorrecto, ahora bien, desde el laicismo si se puede hacer proselitismo.
Me preocupa sinceramente la falta de ejemplaridad que existe en nuestra sociedad que inspire confianza y credibilidad, pero me preocupa más que exista en la iglesia.
Esto es esencial para los creyentes porque nuestras vidas y reputación afecta a la reputación del Señor, es decir, en la idea de Dios que tenga la sociedad que nos ha tocado vivir (1 Pedro 2:12). Cuando nos autodenominamos cristianos, la reputación del Dios en quien creemos queda vinculada con la nuestra, así que hemos de tener mucho cuidado y hablar con nuestro ejemplo además de con nuestras palabras. Si la gente tiene motivos para no creer en nosotros, es probable que determine no creer en Dios.
La forma de ganar credibilidad es vivir de manera honorable. En consecuencia, los demás creerán en Dios y lo glorificarán.
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