viernes, 12 de febrero de 2010


VIDA Y FE

Habacuc significa “ceñir”, la nota final dedicada al músico principal (3:19), quizás signifique que Habacuc estaba acreditado, como miembro de la familia levítica, para dirigir el culto en el templo. El profeta está disuadido por un sentido de equidad que no le permite ignorar la injusticia rampante que le rodea. También ha comprendido la necesidad de presentar las grandes preguntas de la vida al que creó la vida.

Habacuc vivió en uno de los más críticos periodos de la historia de Judá. El país había descendido de las alturas de las reformas de Josías hasta las profundidades de los abusos que sufrían sus habitantes, las medidas opresivas contra los pobres, y el colapso del sistema legal. El mundo que rodeaba a Judá estaba en guerra, con Babilonia ganando ascendencia sobre Asiria y Egipto. La amenaza de invasión desde el norte se sumó a los problemas internos de Judá.

La situación no era nada halagüeña, el sufrimiento y las dudas del profeta se expresan en la pregunta que formula a Dios (1:2-4). En estos versículos el profeta demuestra estar abrumado por las circunstancias que le rodean. No puede dejar de pensar en la iniquidad, la injusticia y la violencia que ve en medio de su pueblo. Lo cierto es, que aunque el profeta pregunta a Dios, creé que el se ha ido de la escena terrestre, como si Dios hubiera abandonado su papel en la historia de su pueblo; su palabra ha sido olvidada; no existe ningún tipo de manifestación divina, Dios no puede ser hallado en ninguna parte, sentimiento y sensación de abandono de Dios de su creación.  Los hombres lo controlan todo, y lo que es peor, los que controlan son los peores. Actúan como quien no tiene nada que perder, ni a quien rendir cuentas, no hay nada que les frene. Los términos que utiliza el profeta para describir la situación son “iniquidad”, “molestia”,   “destrucción”, “violencia”, “pleito”, “contienda”, “debilidad de la ley”, “juicio sin verdad”, “asedio”, “justicia torcida”, “una ley ineficaz” y “una justicia que nunca prevalece”. A esto hay que añadirle las guerras y la amenaza de invasión.

Mucho de lo que vio y vivió el profeta, le sitúa como  contemporáneo nuestro. Asistimos a un momento muy convulso en el plano internacional y nacional, con un nivel muy elevado de conflictividad social y enfrentamientos, donde un número importante de nuestra sociedad, recurre a la violencia gratuita y desprecia el dialogo pacífico como instrumento de resolución de conflicto.

La situación en Oriente próximo, Irak, Afganistán, así como en diferentes puntos del mundo, mantiene a las naciones en un estado de tensión importante.

El rearme y las amenazas nucleares vuelven a la escena internacional con lo inquietante que puede ser para todos.

Saliendo de la escena internacional y de regreso a casa diremos que la violencia en el hogar, en los centros educativos, en las calles, está a la orden del día, y sigue en aumento, la violencia, la amenaza y el terror afecta a la actitud, los valores y prioridades de la sociedad.  La inmoralidad, la injusticia social y el enfrentamiento y conflictividad social  afecta a los valores morales y sociales, al comportamiento y conducta de los ciudadanos y a la forma en la que nos relacionamos los unos con los otros, generando barreras insalvables.  La situación sigue siendo nada halagüeña.....

Las dudas que inspiraban los interrogantes del profeta nos asedian a los creyentes del siglo XXI, y nos preguntamos si Dios ha perdido el control de nuestro mundo, si Dios tiene interés por el mundo, y va a hacer algo al respecto.

Si uno sigue leyendo el libro de Habacuc sorprende la forma en la que empieza y como termina, leyendo los tres últimos versículos encontramos una actitud diferente, es como si todo hubiera cambiado en el trascurso del libro, por cierto, bastante corto, pues cuenta con solo tres capítulos. (3:17-19)

Me pregunto ¿pueden cambiar las cosas y las situaciones difíciles con tanta facilidad, y en un espacio de tiempo tan reducido?

¿realmente cambiaron tanto las circunstancias? La historia nos dice que No.

Entonces ¿Qué es lo que ocurrió?, pues lo que no cabe ninguna duda es que el final describe a una persona totalmente diferente a la que escribió el principio del libro.

La respuesta es el cambio que experimentó el profeta en su propia vida. Un cambio que le llevó no estar ya a merced de lo que pasa en cada momento, es decir, esclavo de las circunstancias. Los acontecimientos ya no nublan su vista y le afectan a su estado mental, pues está por encima de las circunstancias. Habacuc ha puesto su esperanza en Dios, y ha hecho que Dios se convierta en la fuente de su alegría y gozo. Dios sigue teniendo el control de las cosas y se interesa por sus criaturas, aunque como dice el profeta Isaías 55:8 y 9 “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”. Cuestión de perspectiva, la percepción que Dios tiene de nuestra vida y de la historia, no tiene que ver con la nuestra.

¿En que momento del libro podemos vislumbrar el cambio del profeta? (2Arcoiris una declaración que es un pilar fundamental de la fe, que aparece también el Nuevo Testamento y que inspira la reforma llevada a cabo por Lutero. “El justo por la fe vivirá” . Es la Fe, la confianza en Dios, nuestra fidelidad a Dios, lo que nos lleva no sólo a sobrevivir, sino a vivir (Muchas referencias sugieren que “vivir” es el resultado de hacer lo correcto).  El justo por la Fe vivirá, se contrasta a los malvados y arrogante babilonios con los justos y  fieles entre el pueblo de Dios. Así mismo, la naturaleza transitoria y el carácter inestable de quien busca en si mismo el sentido de la vida, frente a la estabilidad y confianza que posee aquel que pone su vida en manos de Dios.

Habacuc no oculta los problemas que le preocupan, ni los subestima (imagen que pueden tener de nosotros aquellos que están a nuestro lado y no tiene fe alguna); Habacuc descubre que Dios es suficiente en medio de las dificultades. Descubre que es una cuestión de perspectiva, y por lo tanto hay que poner nuestra mirada en aquel que está por encima de lo vivimos en el momento. 

El apóstol Pablo hablando de los creyentes dice (2ª Corintios 5:7 “porque por fe andamos, no por vista”. (4:16-18).

La fe en Jesucristo (Evidencia histórica de que Dios se interesa por nosotros y que está dispuesto a intervenir en la vida de los hombres y mujeres) nos da entrada en la gracia suficiente de Dios (2ª Corintios 12Beso, que nos permite gozarnos en:

  • La esperanza de la gloria de Dios (Romanos 5Bastardo Kitty
  • Las tribulaciones (Romanos 5:3-5)
  • En el amor de Dios (Romanos 5:6-10); amor de quien nada, ni nadie nos separará y que nos hace más que vencedores (Romanos 8:37-39), nos sitúa en un envidiable estado de seguridad e inconmovible confianza.
  • En Dios mismo que se revela en Jesucristo nuestro Señor y Salvador (Romanos 5:11).

La fe nos sitúa en un estado de Paz con Dios, de paz con nuestros semejantes y con nosotros mismos, en un estado de Seguridad y Confianza, aún en medio de las circunstancias presentes.

La Fe es un don de Dios que se inspira y fortalece no en la experiencia personal, sino en la Palabra de Dios, que es eterna e inmutable. (Romanos 10:17; Mateo 24:35), mi experiencia cambia, las circunstancias también, pero la Palabra creadora de Dios no pasará, de ahí que el que cree en su palabra (Juan 5:24; 6:68; 8:31-32; 8:51).

Que Dios nos ayude a hacer de la fe en Jesucristo, no sólo un credo o cuerpo de doctrina, que sí lo es, sino también nuestra experiencia vital.


Tags: Cristianismo, Creer, Vida, Esperanza, Fe en Dios

Publicado por carlosmartiroy @ 20:29  | Reflexiones
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