
LOS OTROS.
¿Quienes son los otros? No hablamos de Los otros, película del año 2000 inspirada en el cuento Casa Tomada de Julio Cortázar, dirigida por el Chileno-Español Alejandro Amenábar, protagonizada por Nicole Kidman.
Nos referimos a alguien distinto a nosotros mismos. Esto a algunos les puede despertar más miedo y terror que la película anteriormente citada, seguramente, en la mayoría de los casos, por desconocimiento, lo cierto es que hay personas que sienten verdadero pavor y miedo al pensar o referirse al otro, les cuesta relacionarse con gente fuera de su entorno inmediato.
Luego están los que piensan en el otro en clave de competencia, alguien a quien hay que superar, con el que me comparo de forma habitual, que nos mira mal, ignora, molesta o incomoda.
Lo cierto, es que el otro, en muchos casos es un gran desconocido, que ni siquiera despierta interés alguno en nosotros.
Aunque no siempre es así, sobre todo, si nuestra carrera o reconocimiento profesional o posición social y/o económica depende de ese Otro. En estos casos, nuestra relación con el otro está basada o condicionada por un interés personal, no es tanto, lo que el otro nos aporta, sino más bien lo que nosotros podemos conseguir.
Vivimos en una sociedad excesivamente individualista y egocéntrica. Lo único que importa soy yo, que tengo, como me siento. Eso hace que el otro, pase más desapercibido a nuestros ojos.
Algunas preguntas para pensar un poco más en este asunto.
¿Cuánto tiempo has dedicado durante esta semana a pensar en otra persona que no seas tú?
¿Realmente tienes interés en otra persona que no seas tú?
¿Cuándo piensas en otra persona en que clave lo haces?
La vida de Jesús se trataba de otros. Conocer a Jesús es encontrarte con personajes muy diversos y variopintos, todos ellos conciudadanos suyos, que me dices de sus seguidores, de Bartimeo, del paralitico del estanque de Betesda, del leproso al que Jesús limpió, de María Magdalena y Zaqueo, de aquella viuda de Nain, de aquellas multitudes hambrientas que le seguían, y de los enfermos que le buscaban desesperadamente para ser sanados y de otros muchos.
Jesús vino por y para otros, vivió por y para otros, y murió por y para otros. La vida de Jesús además de ser recogida en la historia de la humanidad, queda claramente explicada en la vida de otros como nosotros que hemos sido transformados por el poder de su Gracia.
Desde esta óptica, nos preguntamos, ¿Se puede realmente entender un cristianismo sin el otro? En mi opinión el cristianismo es eminentemente relacional, cuya función principal consiste precisamente en el restablecimiento de la relación del individuo con Dios por medio de Jesucristo.
Por otro lado, la biblia está llena de mandamientos imposibles de cumplir sin la existencia del otro, amaos los unos a los otros, animaos, exhortaos, orad unos por otros, y así hasta un gran número de mandamientos que encontramos en el Nuevo Testamento. Soy consciente de la inoportunidad del otro que irrumpe en nuestra cotidianidad y trastoca nuestras agendas, pero es en el otro dónde encontramos respuestas a nuestra razón de ser y dónde nos enriquecemos y crecemos.
El problema con muchos cristianos hoy es que hemos adquirido la manera de pensar del mundo. Pensamos más en nosotros que en los otros. Y en este caso, yo creo que el equilibrio planteado por Jesús a la hora de enseñar sobre el diezmo y los valores como la justicia y la misericordia, es la respuesta adecuada, “bueno es hacer lo uno (Amarnos a nosotros mismos), sin dejar de hacer lo otro (Amar a nuestro prójimo).
En 1 Corintios 9:12 leemos acerca de una manera diferente de pensar, en palabras de Pablo: "...Lo soportamos todo por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo."
Pablo sabía que cuando nos ponemos en primer lugar, que no deja de ser una forma más de idolatría, perdemos nuestro interés por otros. Dios es lo primero en nuestra vida y eso hará que nuestro interés por los demás sea mayor y mejor o más auténtico y legítimo. (1 Corintios 8:4-6)
Cuando nuestra fe se centra en nosotros, dejamos de ir, de interesarnos y de alcanzar a otros. (Filipenses 2:1-11; 20-21 y 29-30)
Cuando el énfasis está en nosotros, entonces nosotros y nuestras iglesias nos volvemos egoístas. Nuestros programas de iglesia se desarrollan para acomodarnos, diseñados sin asumir riesgo alguno para sentirnos seguros y que tenemos todo bajo control, nuestros servicios giran en torno a lo que nos gusta y a lo que nos hace sentirnos bien. Empezamos a acariciar la idea de un cristianismo que no nos cueste demasiado o nada, que nos aporte sin excesivas exigencias.
Si esto es así, algo debemos cambiar, deberíamos empezar a pensar que nuestra vida tiene un propósito y misión.
Que ese propósito y misión nos viene dado por quién nos comisionó después de salvarnos y que tiene mucho que ver con el otro. Que hemos de anunciar el evangelio de Cristo con pasión por Él, por los otros, y no porque sea algo meritorio, sino porque como dice el apóstol en 1 Corintios 9:16 “nos ha sido impuesta necesidad”, el término necesidad está rodeado de una atmosfera de lo inevitable, es decir, aquello que no podemos dejar de hacer porque nos va la vida en ello. Tenemos una obligación moral con los otros, que es el anuncio del Evangelio de Cristo, en palabras del apóstol somos deudores a todos (Romanos 1:14).
En muchas ocasiones este anuncio del evangelio lleva aparejado el sacrificio de la renuncia de lo que consideramos nuestro derecho, derecho al que sólo puede renunciar el que lo tiene, y todo ello, por no poner tropiezo a nadie.
En otras palabras, el otro se convierte en nuestro objetivo y al igual que el apóstol estamos dispuestos a ir tan lejos como fuera necesario para entrar en el mundo de otros y conducirlos a la salvación en Cristo Jesús. (1 Corintios 9:19-22).
Al final, los otros, que eran al principio de nuestra reflexión los que pasaban inadvertidos por nosotros, se convierten en el objetivo de nuestra vida, es más, los otros son la razón de ser nuestra y de la iglesia en la tierra. Esto es posible cuando sentimos pasión por Cristo y hacemos de su llamamiento nuestro estilo de vida radical.
No es fácil, pues de pensar solo en nosotros, ahora hemos de aprender a pensar en el otro, con el otro y desde el otro, y esto requiere esfuerzo, disciplina y autocontrol.
Vivimos un tiempo en nuestra sociedad en el se renuncia a todo aquello que cuesta, el facilismo ha sustituido a la cultura del esfuerzo y del trabajo, eso forma parte de nuestra cultura y de nuestro sistema educativo y profesional.
No debemos renunciar a nuestra obligación moral con los otros, hemos de esforzarnos en ello y poner todo lo que nos sea posible, pues al final este es nuestro gran cometido o misión.
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