
Todos tenemos rasgos característicos que nos distingue del resto de las personas. Todos tenemos un ADN que nos hace seres únicos e irrepetibles. En el cristiano también existe un ADN que nos hace únicos e irrepetibles y que nos diferencia o distingue del resto de la humanidad.
2ª Corintios 5:17-19 Ahora que estamos unidos a Cristo, somos una nueva creación. Dios ya no tiene en cuenta nuestra antigua manera de vivir, sino que nos ha hecho comenzar una vida nueva. Y todo esto viene de Dios. Antes éramos sus enemigos, pero ahora, por medio de Cristo, hemos llegado a ser sus amigos, y nos ha encargado que anunciemos a todo el mundo esta buena noticia: Por medio de Cristo, Dios perdona los pecados y hace las paces con todos.
En Cristo Jesús encontramos ese ADN que nos distingue del resto de la humanidad y nos hace formar parte de esa nueva humanidad, de esa nueva creación, (Romanos 5:15-21 Sin embargo, no hay comparación entre el pecado de Adán y el regalo que Dios nos ha dado. Por culpa de Adán, muchos murieron; pero por medio de Jesucristo Dios nos dio un regalo mucho más importante, y para el bien de muchas personas. El pecado de Adán no puede compararse con el regalo de Dios. El pecado de Adán hizo que Dios lo declarara culpable. Pero gracias al regalo de Dios, ahora él declara inocentes a los pecadores, aunque no lo merezcan. Si por el pecado de Adán, la muerte reina en el mundo, con mayor razón, por medio de Jesucristo, nosotros reinaremos en la nueva vida. Pues Dios nos ama, y nos ha aceptado sin pedirnos nada a cambio. Por el pecado de Adán, Dios declaró que todos merecemos morir. Pero gracias a Jesucristo, que murió por nosotros, Dios nos declara inocentes y nos da vida eterna. O sea, que la desobediencia de uno solo, hizo que muchos desobedecieran, pero por la obediencia de Jesús, Dios declaró inocentes a muchos. La ley apareció para que el pecado se hiciera fuerte. Pero si bien el pecado se hizo fuerte, el amor de Dios lo superó. Y si el pecado reinó sobre la muerte, el amor de Dios reinó sobre la vida. Por eso Dios nos ha declarado inocentes, y nos ha dado vida eterna por medio de nuestro Señor Jesucristo.)
EL ADN de Cristo es el Amor de Dios y precisamente eso es lo que debe distinguir a los cristianos del resto de la humanidad, (Juan 13:35 Si se aman de verdad, entonces todos sabrán que ustedes son mis seguidores.) Hay quienes pretender ser distingidos por su posición, por el esplendor de sus templos, su teología, el tamaño de la iglesia, la clase social predominante, etc. Pero lo que de verdad hace singular al cristiano es el amor de Dios que vive e inspira cada una de sus acciones, y eso marca la diferencia.
El amor de Dios es la nueva ley del Reino (Romanos 13:10 El amor no causa daño a nadie. Cuando amamos a los demás, estamos cumpliendo toda la ley.)
(FUNDADO SOBRE EL AMOR) Napoleón trató de establecer un reino por medio de la fuerza de sus ejércitos. Lo mismo hicieron Alejandro el Grande, Julio César y otros guerreros. Jesús fundó su reino sobre el amor, y su reino va a permanecer. Cuando llegamos a este plano, el del amor, todas las cosas egoístas e indignas desparecen, y entonces nuestra obra puede soportar el fuego de la prueba. Por D.L. Moody
Juan 13:34-35 "Les doy un mandamiento nuevo: Ámense unos a otros. "Ustedes deben amarse de la misma manera que yo los amo. Si se aman de verdad, entonces todos sabrán que ustedes son mis seguidores.
1ª Juan 4:7-8 El amor es de Dios y todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. ¿Por qué? Porque Dios es amor. No es que el amor defina a Dios, sino que Dios define el amor (1ª Corintios 13:4-7)
(DIOS ES AMOR EN TODOS LOS VIENTOS) Spurgeon estuvo en cierta ocasión visitando a un amigo en el campo. Vio que sobre uno de los graneros había colocado una veleta con la inscripción “Dios es Amor”. Entonces le preguntó si con ese texto quería decir que el amor de Dios era tan cambiante como el viento. El hombre le respondió que no, que lo que quería decir era que Dios es Amor siempre, no importa de dónde soplen los vientos. Por D.L. Moody
Demostración (amor en acción) 1ª Juan 4:9.
Un caballero que pensaba que el cristianismo no era más que una colección de problemas difíciles, dijo en cierta ocasión a un anciano ministro: -Es una declaración sumamente extraña: "a Jacobo amé, mas a Esaú aborrecí". -Muy extraña-replicó el ministro-, pero dígame, ¿qué es lo que en ella le parece más extraño? –Oh- replicó -, eso de que aborreció a Esaú. -Vea usted- respondió el ministro-, cómo son las cosas, y cuán diferentemente estamos constituidos. Lo que a mí me parece más extraño es que haya podido amar a Jacob. No hay misterio más glorioso que el del amor de Dios."
Iniciativa (1ª Juan 4:10)
(AMOR ES AYUDAR A OTROS) Una maestra de párvulos trataba de explicar a los niñitos de su clase lo que es el amor; pero no podía, y por saber lo que decían sus pequeños alumnos, les preguntó qué es el amor. Entonces una niñita de seis años de edad se levantó de la silla y fue hasta la maestra, la abrazó, la beso y le declaró: " Esto es amor." En seguida la maestra dijo: "Esta bien; pero el amor es algo más. ¿Qué es ese algo?" La misma niña después de un rato de estar pensando, se levantó y comenzó a poner en orden las sillitas que estaban fuera de lugar que les correspondía, limpió bien el pizarrón levantó unos papeles que estaban en el suelo, arreglo los libros que estaban en desorden sobre una mesa; y en seguida, con aire de satisfacción, dijo a su maestra: "Amor es ayudar a otros": La niñita tenía razón. – Expositor Bíblico.
Ejemplo (1ª Juan 4:11)
(TODO EL CORAZON Y LAS DOS MANOS) Meditaba en su cuarto de estudio un predicador, buscando una ilustración sobre el amor. De pronto entró en el cuarto su hijita pequeña, diciendo:-Papá, siéntame un poco sobre tus rodillas. -No, hijita, no puedo ahora; estoy muy ocupado-contestó el padre. -Quisiera sentarme un momento en tus rodillas, súbeme, papa-dijo ella.
El padre no pudo negarse a una súplica tan tierna, y tomó a la niña y la subió a sus rodillas, y dijo: -Hijita mía, ¿quieres mucho a papá? -Sí que te quiero –contesta la niña-, te quiero mucho, papá. -¿Cuánto me quieres, pues? –preguntó el padre. La niña colocó sus manecitas en las mejillas de su padre, y apretándolas suavemente, contestó con afecto:
Te quiero con todo mi corazón y con mis dos manos. Esta respuesta encerraba en pocas palabras lo que debe entenderse por una dedicación completa, y dio al predicador el ejemplo que buscaba. (1ª Juan 4:12)
Esta es la singularidad que marca la diferencia en la vida de las personas, el amor de Dios.
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