jueves, 14 de octubre de 2010

Filipenses 3:1-14 (Traducción en lenguaje actual)

Lo más importante es conocer a Cristo

Además, hermanos, alégrense de estar unidos al Señor. A mí no me molesta repetirles lo que ya les había escrito, y a ustedes les hace bien que lo repita.

¡Cuídense de esa gente despreciable y malvada, que los quiere circuncidar! Los verdaderos circuncidados somos nosotros, los que guiados por el Espíritu adoramos a Dios y estamos orgullosos de pertenecer a Jesucristo. Nosotros no creemos que podamos hacer nada para salvarnos. Si la salvación dependiera de la circuncisión, yo podría sentirme más orgulloso que cualquiera: me circuncidaron a los ocho días de nacido, pertenezco a la nación de Israel y soy de la tribu de Benjamín; ¡soy más hebreo que muchos hebreos! En cuanto a cumplir la ley, pertenecí al grupo de los fariseos. Tanto me preocupaba por cumplir la ley que perseguía a los miembros de la iglesia. ¡Nadie puede culparme de no haber cumplido la ley! Pero, gracias a lo que Cristo hizo por mí, ahora pienso que no vale la pena lo que antes consideré de valor. Todo eso lo he dejado a un lado, y lo considero basura, con tal de llegar a conocer bien a Cristo, pues no hay mejor conocimiento. Y quiero que Dios me acepte, no por haber obedecido la ley sino por confiar en Cristo, pues así es como Dios quiere aceptarnos. Por eso, lo único que deseo es conocer a Cristo; es decir, sentir el poder de su resurrección, sufrir como él sufrió, y aun morir como él murió, ¡y espero que Dios me conceda resucitar de los muertos!

Hacia la meta

Con esto no quiero decir que yo haya logrado ya hacer todo lo que les he dicho, ni tampoco que ya sea yo perfecto. Pero sí puedo decir que sigo adelante, luchando por alcanzar esa meta, pues para eso me salvó Jesucristo. Hermanos, yo sé muy bien que todavía no he alcanzado la meta; pero he decidido no fijarme en lo que ya he recorrido, sino que ahora me concentro en lo que me falta por recorrer. Así que sigo adelante, hacia la meta, para llevarme el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Jesucristo.

Desarrollo

La pasión gobierna el entusiasmo que ponemos en las cosas. En realidad, entusiasmo y pasión podrían ser consideradas como sinónimos.

La pasión es una emoción o sentimiento muy intenso. Este sentimiento se intensifica en función del valor o la importancia que tenga para ti aquello que lo despertó. Por tanto, el objeto de tu pasión es algo o alguien, que trastoca tus valores, tus prioridades, tus relaciones, es decir, tu vida en general.

¿Hay algo o alguien en tu vida que despierte ese sentimiento tan necesario e intenso que nos permite vivir la vida de manera entusiasta y radicalmente diferente?

 El apóstol Pablo nos presenta uno de los ejemplos más sobresalientes de pasión que podemos analizar juntos.

Su pasión era Cristo, y se reflejaba en su anhelo profundo por conocerle, experimentarle y llegar a ser semejante a Él, en sus padecimientos, en el poder de su resurrección e incluso en su morir. En palabras de Martín Luther King, en Cristo encontró la causa por lo que morir, causa que dignificó su vida convirtiéndola en un ejemplo de pasión para nosotros.

Y no significa que no tuviera otras cosas de las que poder presumir, su amor y pasión por Cristo le llevaba a presumir sólo de Cristo y aquellas cosas que formaban parte de su herencia, historia vital y/o currículo las consideraba como basura por Cristo. Su pasión por Cristo le lleva a renunciar a todo si fuera necesario para profundizar más en el conocimiento, experiencia vital de Cristo y su aspiración de ser como Él. Cosas que anteriormente le importaban y de hecho le llevaron a ser perseguidor de la Iglesia, hoy carecen de valor e importancia para él.

Su amor y su pasión por Cristo también se manifiestan en su celo por lo que Cristo supone para el Cristianismo, en cuanto al ideario o doctrina de Cristo.

Su inconformismo también es una muestra de su pasión por Cristo, “no pretendo haber alcanzado todo, ni soy perfecto”, la pasión por Cristo nos lleva a un estado de aprendizaje permanente vital para nuestro propio progreso.

La pasión por Cristo le proporciona al apóstol un sentido de la vida que sin Cristo sería imposible que le lleve, más allá de las circunstancias adversas y difíciles que le tocó vivir en cada momento, a proseguir con determinación, empeño y esfuerzo hacia su meta que no es otra que Cristo mismo.

La pasión por Cristo le proporciona esa capacidad de concentrarse en aquello que para él es vital y que el resto de cosas que componen su vida giren en torno a lo que para él es lo más importante, Cristo. Lo vivido hasta el momento no supone un desgaste para él, sino que se concentra en lo que le queda por vivir.

No acometas obra alguna con la furia de la pasión: equivale a hacerse a la mar en plena borrasca.  Thomas Fuller (1610-1661) Clérigo y escritor británico.  

Nada grande se ha hecho en el mundo sin una gran pasión.  Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) Filósofo Aleman.

CONCLUSIÓN

Cada uno de nosotros necesita examinar sus propias pasiones, esas fuertes inclinaciones que sentimos en nuestra vida, podemos sentir pasión por muchas cosas y algunas de ellas pueden suponer un claro detrimento de nuestra propia vida. Dios nos llama a buscar a Cristo de manera apasionada a vivirlo con entusiasmo, a anhelar ser semejantes a Él.

La imagen del atleta que plantea Pablo nos ayuda a comprender mejor como podemos apasionarnos por Cristo. Los atletas que sobresalen son aquellos que se entregan sin reservas a su disciplina deportiva. (Leer Apocalipsis 2:1-7).


Tags: Pasión, Razón, Creer, Jesucristo, Cristianismo

Publicado por carlosmartiroy @ 17:06  | Reflexiones
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