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Texto Bíblico: Juan 20:1-29
Versículos claves: 20:1 y 20:19 y 26.
El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro, y vio quitada la piedra que lo sellaba o cerraba.
Han pasado cerca de 2000 años, y este sigue siendo, junto con el de Navidad, uno de los anuncios más esperanzadores para el conjunto de la humanidad. ¡Jesús ha resucitado!, ¡Jesús vive!
Un anuncio como éste, no puede quedar en el silencio, en el olvido, en tierra de nadie o como pretexto para la especulación, como pretendieron algunos contemporáneos.
Es algo insólito y esperanzador, ¡Jesús vive!, ¡ha vencido a la muerte!, no era un impostor, un acontecimiento de tal magnitud, debía ser hecho público, y conocido por todo el mundo, precisamente, este es el motivo en el que enmarcamos las diferentes apariciones de Jesús, antes de su ascensión a los cielos.
El hecho que mejor ilustra tan magno acontecimiento es la frase “y vio quitada la piedra del sepulcro”, un sepulcro abierto y vacio fue el testimonio recibido por María Magadalena, Pedro y Juan, aún así, no todos reaccionaron de la misma manera, ni interpretaron el suceso de la misma forma.
Vers. 8 “Entonces entró también el otro discípulo que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.”
Jesús, después de esto, se apareció a María Magdalena. Estos acontecimientos desencadenan la primera convocatoria de los discípulos después de la muerte de Jesús. (20:19).
Llama mi atención, el contraste entre el sepulcro abierto y el lugar de reunión de los discípulos, donde las puertas estaban bien cerradas.
Puertas cerradas, que muestran el ambiente de clandestinidad en el que se desarrolló esa primera reunión, para hablar de un acontecimiento tan determinante en la vida de Jesús, en la historia de la iglesia y del conjunto de la humanidad, y tan injustamente tratado desde el principio, como es, la Resurrección de Jesucristo.
Puertas cerradas, que ponen de manifiesto los sentimientos encontrados de los discípulos, y explican el momento que estaban viviendo los discípulos de Jesús:
I. El miedo a las consecuencias de ser identificados como seguidores de Cristo por las autoridades judías.
II. La falta de entendimiento y comprensión de lo que había acontecido.
III. La falta de propósito en el ser y el hacer de los discípulos. ¿Y ahora qué?
IV. No todos sabían que Jesús había resucitado.
Aquel día, en el que Jesús se apareció a sus discípulos reunidos, faltaba uno, (siempre falta alguien, que triste). Aunque todos le contaron lo vivido, el no creyó, necesitaba ver y vivir lo que ellos experimentaron, para compartir su mensaje y su gozo, (cuando no nos congregamos algo nos perdemos).
Ocho días después, se volvieron a reunir y las puertas permanecían cerradas. La historia se repite, no fue fácil que aquellas puertas se abrieran.
Parece ser que los discípulos vivieron la resurrección de Jesús de manera privada, necesitaban realizar la transición de lo privado hacia lo público. Todos ellos, debían ser testigos de todas estas cosas, y a todas las naciones. Esta gran tarea contrastaba mucho con las puertas cerradas.
Es posible que pensaran que permaneciendo con las puertas cerradas hay muchas cosas que no pueden entrar, no es verdad, la enfermedad, el dolor, el conflicto, la muerte, el frio, la angustia, el miedo, la depresión, la tristeza, etc. Pueden entrar.
Al mismo Jesús resucitado, las puertas cerradas no le impidieron entrar y situarse en el centro de la reunión, este fue el secreto que permitió la convivencia pacífica de gente tan diferente, como eran los discípulos de Jesús, Él estaba en medio de ellos. “Necesitaban volver a un sano Cristocentrismo”
El mensaje era de Paz, a aquellos que estáis llenos de miedo y angustia por la situación que vivís, a aquellos que os sentís solos, incomprendidos, sin rumbo ni dirección, a todos, Paz. Este es el preámbulo de la misión, no se puede hacer misión sin paz.
Vivimos momentos de mucha conflictividad, y de seguir la situación así, lo que viene no es muy alentador, hoy más que nunca necesitamos la Paz del Señor. “Mi paz os dejo, mi paz os doy, yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo.” (Juan 14:27)
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33).
Por último, y no por ello lo menos importante, Jesús soplo en ellos y Recibieron el Espíritu Santo, para Proclamar el Perdón de Dios a todas las naciones.
Hoy necesitamos volver al principio, abrir las puertas de la iglesia, dejar de ser guetos y de vivir, algo tan extraordinario como la Resurrección de Jesucristo, de manera clandestina y privada. Debemos realizar esa transición, sin complejos, de lo privado a lo público, de lo personal o individual a lo colectivo, de lo local a lo global.
Para ello, hay que abrir las puertas en 2011
I. Volver a un sano Cristocentrismo. Abrir definitivamente la puerta a Cristo. (Apocalipsis 3:20).
II. A la paz y unidad de la iglesia y de todos los creyentes (Juan 13:35; 17:15 y 20-23).
III. De nuestro entendimiento para una mejor y mayor comprensión de la Palabra de Dios. (Lucas 24:45-49).
IV. De nuestra disposición a crear y aprovechar cada oportunidad para ejercer dones, capacidades, talentos y habilidades. Aprovechar nuestro tiempo, dinero, relaciones, profesiones, en definitiva, creer y vivir un verdadero sacerdocio universal de todos los creyentes.
V. De nuestra actitud hacia el mundo contemporáneo, en nuestra Jerusalén, Judá, Samaria y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8; 2
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VI. A dar un sentido de misión a todo lo que somos y hacemos como individuos y como iglesia.
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