martes, 29 de marzo de 2011

Mateo 7:24-28

Introducción:

Un terremoto destructivo de magnitud 8,9  sacudió la costa noreste de Japón y  provocó un tsunami con olas de hasta diez metros que ha alcanzado la ciudad de Sendai, donde el agua ha arrasado todo a su paso, incluyendo casas, coches, barcos, granjas y ha llegado a los edificios. Son ya más de 10.000 muertos y 17.000 desaparecidos, además del ingente número de desplazados por la pérdida de todas sus posesiones y por la amenaza nuclear.

Las impactantes imágenes, vistas en directo a través de las televisiones, de la fuerza del tsunami adentrándose en las costas del Este del archipiélago de Japón, dejaron ridículas las iniciales cifras de víctimas. El temblor bloqueó además las líneas de telefonía móvil y medio millón de líneas telefónicas averiadas; alteró la señal de la televisión; dejó cerca de 4,4 millones de hogares sin electricidad; 3,2 millones de hogares con problemas en el suministro de gas; 1,5 millones de japoneses sin agua potable; daños en las autopistas; aeropuertos anegados como los de Sendai, Narita y Haneda y con serios daños; el tren bala paralizado; otros cuatro trenes destruidos; y numerosos incendios.

La fuerza desatada por el terremoto es 30 veces superior a la sacudida prevista en el diseño y construcción de las centrales. Lo que les ha llevado a enfrentarse a la amenaza nuclear.

En nuestro país hemos asistido también a catástrofes naturales, no tan severas como en otras partes del mundo, pero que también han supuesto el drama e incluso la pérdida de muchas vidas, inundaciones que todo lo arrasan, y que a muchos les lleva a tener que empezar de nuevo.

DESARROLLO

¡Imaginas como te puede cambiar la vida en un momento!, ¡todo por lo que has luchado y trabajado durante toda tu vida, puede desaparecer en un momento!, bien por una catástrofe natural o por una crisis económica y financiera como la que estamos viviendo en todo el mundo.

Cuando la tierra tiembla, entonces se pone de manifiesto sobre que fundamento hemos construido nuestras viviendas y/o ciudades, hasta entonces, todo parece igual, no existen diferencias.

La adversidad mide nuestra capacidad de supervivencia, y ésta última depende de dónde y cómo está edificada nuestra vida, nuestra fe, nuestra iglesia, nuestro matrimonio, nuestros hijos, nuestra sociedad.

 

Jesús se encuentra en el Monte de los Olivos, rodeado de sus discípulos y de otras muchas gentes que con atención escuchaban. Él le estaba enseñando las verdades del Reino de Dios, un reino que trasciende esta vida y que perdura por la eternidad, pero que sus bases se establecen en sus enseñanzas, ejemplo y obra redentora.

A punto de concluir su sermón del monte, Jesús sitúa a su auditorio, frente al momento más difícil que podemos abordar al final de todo discurso, más allá de cualquier opinión que nos pueda merecer el discurso y el ponente (7:28-29), lo único que puede marcar una diferencia en nuestra vida, es ¿qué vamos a hacer con lo que hemos escuchado?, ¿cuál va a ser nuestra respuesta? La parábola de los dos cimientos,  nos sitúa frente al dilema, siempre difícil, de las decisiones o elecciones en la vida.

Nuestra vida no es otra cosa que el resultado de nuestras decisiones o elecciones, más allá, de que éstas puedan producirse en determinadas condiciones o circunstancias, más allá que podamos utilizar el método de justificación personal más antiguo de la historia de la humanidad, que no es otro, que derivar nuestra responsabilidad (Habilidad para responder) a otros, culpándoles de nuestras desdichas y desgracias.

Más allá de todo esto, Jesús divide el auditorio en dos grupos de personas.

  • Los que oyen las palabras de Cristo, las asumen, las hacen suyas y las hacen o practican.
  • Los que oyen las palabras de Cristo, pueden opinar incluso, pero no las incorporan a su vida de manera práctica.

Jesús, mediante esta sencilla parábola, apunta al corazón de los oyentes, enfrentándoles consigo mismo y coloca ante éstos la elección radical entre obediencia y desobediencia, llamándoles a una entrega incondicional de mente, voluntad y vida. Y esta situación se repite una y otra vez cada domingo cuando escuchamos la predicación de la Palabra de Dios.

La forma en que lo hace es advirtiéndonos que hay dos opciones inaceptables; una confesión de fe meramente verbal sin ninguna implicación moral, más allá de las posibles manifestaciones sobrenaturales, y un conocimiento de las Escrituras meramente intelectual sin consecuencia de vida.

Dicho esto, el objetivo de este sermón es hacer un análisis de donde está edificada nuestra fe, nuestra Iglesia, nuestro matrimonio, nuestra familia y donde están edificando nuestros hijos. ¿Estamos edificando sobre la roca, o por el contrario estamos edificando sobre la arena?

Se ha dicho  que todas las personas religiosas, lo son por uno de estos cuatros motivos:

  • Admiración por la sabiduría que se observa en las obras de la Naturaleza que anima a la mente racional a creer en Dios.
  • Por la voz de la conciencia que nos dice, que el hombre es un ser insatisfecho e imperfecto.
  • Por la previsión intuitiva de inmortalidad, que todos tenemos, es decir, la esperanza y el deseo de vivir y no desaparecer, o dejar de ser en la muerte.
  • Por miedo a lo desconocido, lo que le puede ocurrir al hombre en la vida presente, y si hay fe, en la vida del más allá.

Abrumado por alguno de estos motivos, el hombre busca edificar su torre, su abrigo, su refugio espiritual, tener una religión donde sentirse seguro, protegerse para el más allá y dar respuesta al dilema de su propia existencia. Así es como el  hombre y la mujer edifica su fe. ¿Pero donde esta edificada esa fe?

Desgraciadamente como ilustra la parábola de los dos cimientos, hay infinidad de personas eligen la religión que le es más fácil dentro de sus circunstancias, la religión propiamente dicha se practica hoy sin necesidad de esfuerzo alguno, dándole el menor tiempo posible, sin preocuparse mucho acerca de su credibilidad y relevancia. En este sentido, he de decir, que aquellos que afirman alegremente que no les importa mucho lo que la gente pueda pensar de ellos, quizás en el fondo la idea que subyace, sin que se atrevan a confesarla o sean consciente de ello, es que tampoco les preocupa lo que Dios pueda pensar de ellos (Mateo 16:13-19).

Por otro lado, la cultura del esfuerzo ha sido reemplazada por las prisas, el cortoplacismo, el todo vale, en términos filosóficos, hablamos del pragmatismo, relativismo y hedonismo.

Hemos de desarrollar en nosotros una cultura del esfuerzo, nadie consigue una vida equilibrada sin trabajo, sin dedicar tiempo y dinero, el facilismo del mundo del cine y la telenovela es ficción, hay que poner intencionalidad y empeño para conseguir aquello que deseamos, el esfuerzo humano no es incompatible con el Poder de Dios, la mayoría de las batallas se consiguen ganar luchando.

Tiempo para orar, tiempo para leer y estudiar la Biblia, tiempo para los hijos y la pareja, tiempo para la iglesia, tiempo para los demás.

Otros practican una religión llena de formalismos y tradición, que difícilmente llega a despertar a las almas del error, estos mueren engañados creyendo que poseen un abrigo para el más allá, cuando en realidad no han tenido sino una apariencia de religión.

 

El materialismo es la religión de muchos hoy, tanto tienes, tanto vales, se ha constituido en el fundamento de muchos para su vida, familia, sociedad, hijos, etc. Se ha vivido por encima de nuestras posibilidades, la crisis económica y financiera, también social, de autoridad y confianza y energética, ha situado a muchos al borde de un precipicio. El nuevo capitalismo que apela a la codicia y avaricia del ser humano, es la causa de la situación que estamos viviendo hoy de forma dramática.

Muchos han experimentado, lo que Gordon Macdonalds describe en su libro, Ponga en Orden su Mundo Interior”, como el síndrome del socavón. Una hermosa apariencia externa, sin fundamento sólido, en tiempos de bonanza y bienestar, no existe diferencia alguna, ni se tiene en consideración los riesgos, pero en momentos de dificultad y  adversidad, se sufre un profundo hundimiento. En la sociedad de hoy, donde una imagen vale más que mil palabras, donde lo que importa no es lo que eres, sino lo que tienes, lo que haces, o lo que pareces, no se trabaja el fundamento, lo que no se ve no importa, el mundo interior es secuestrado por la imagen y por la apariencia.

Jesús dijo que la vida del hombre no consiste en los bienes que posee, pero nadie le hace caso alguno.

El hombre necio que edificó su casa sobre la arena debía haber mirado las señales de peligro, las cuales eran bastante evidentes. La arena debajo de sus pies denunciaba la presencia de agua, de riadas en otros tiempos. Las vertientes del terreno indicaba lo que sucedería cuando lloviera, además debía haber considerado la fuerza y la dirección de los vientos en relación con el edificio que pensaba edificar.

Así debe ser en el terreno espiritual. Todo hombre y mujer deben pensar en el peligro supremo que amenaza su propia alma, y poner un fundamento sólido a su fe, debe mirar los fundamentos sólidos de la propia religión que profesa. ¿Es de origen humano o divino?

Conclusión: El mensaje de Jesucristo es para salvación, pero también para obedecerle y hacer lo que Él nos manda, y si no hacemos lo que Él nos manda, creo que no hemos entendido Su mensaje. Hermanos, ¿Dónde estamos edificando nuestra familia? En los valores cristianos y la palabra de Jesús o en las cosas materiales de este mundo que un día va a perecer. Esta es la prueba final, Jesús conocía esta tragedia eterna y definitiva, por eso dice: “Y fue grande su ruina.” No hay ruina mayor que la pérdida del alma por la eternidad.

Hemos de desarrollar en nosotros una cultura del esfuerzo, nadie consigue una vida equilibrada sin trabajo, sin dedicar tiempo y dinero, el facilismo del mundo del cine y la telenovela es mentira, hay que poner intencionalidad y empeño para conseguir aquello que deseamos.

Tiempo para orar, tiempo para leer y estudiar la Biblia, tiempo para los hijos y la pareja, tiempo para la iglesia, tiempo para los demás.

Llamamiento a ser discipulado para poder llegar a discipular a otros. A la consejería al trabajo para apoyar a tu familia. A la oración, a la comunión y participación en iglesia, a la acción social y la solidaridad con los demás. Todo esto es construir sobre la roca, ¿Estás dispuesto?


Tags: Edificación, Supervivencia, Adversidad, Evangelio, Cristianismo

Publicado por carlosmartiroy @ 17:03  | Reflexiones
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