lunes, 23 de mayo de 2011

El Día Internacional de la Familia (International Family Day) se celebra todos los años el 15 de Mayo, fue instituida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en Septiembre de 1993. Refleja la importancia que la comunidad internacional le confiere a la familia como unidad básica de la sociedad, así como su preocupación por la situación de las familias en todo el mundo.

El Día Internacional de las Familias brinda la oportunidad de fomentar la toma de conciencia sobre cuestiones que afectan a la familia como unidad básica de la sociedad, así como de promover la adopción de medidas adecuadas. El Día puede llegar a ser un poderoso factor de movilización en favor de la familia en todos los países que aprovechen esa ocasión para demostrar su apoyo a las cuestiones que la atañen de la manera más idónea para cada sociedad.

Los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales, las instituciones académicas, los grupos religiosos y las personas, a título individual, pueden promover una mayor comprensión de las funciones y problemas, los puntos fuertes y los puntos débiles de las familias, mediante la organización de la celebración del Día Internacional de las Familias. Asimismo, este día brinda la oportunidad de profundizar en el conocimiento de los procesos económicos, culturales, sociales y demográficos que afectan a la familia.

Los valores de la Familia:

  • Cuando hablamos de familia podemos imaginar a un grupo de personas felices bajo un mismo techo y entender lo importante que es la manutención, los cuidados y la educción de todos los miembros que la componen.
  • Pero el factor más imprescindible es descubrir la raíz que hace que la familia sea el lugar ideal para forjar valores que nos hagan crear una manera de vivir más humana y esto influirá en la sociedad, en la convivencia con los demás.
  • El valor de la familia no es solamente los momentos felices o la solución a los problemas del día a día. El valor nace y se desarrolla cuando cada miembro asumimos con responsabilidad y contentos, el papel que nos toca desempeñar en esta unidad, ayudando así al bienestar, desarrollo y felicidad de todos los demás componentes de la familia.
  • Para que una familia sea feliz es indispensable que todas las personas que la integran participen en los mismos intereses, compartan gustos y aficiones y se interesen los unos por los otros.
  • Toda familia unida es feliz sin importar la situación económica. Los valores humanos no se compran, se viven y se dan como lo mejor que podemos ofrecer.

 

 

La Biblia nos habla de la Iglesia como la familia de Dios (Efesios 2:19). La familia de Dios es la familia extendida en la que todos podemos incluirnos. Éste es el ideal reflejado por los primeros cristianos, que no hacían distinciones entre la familia hogareña y la familia de Dios. Los creyentes estaban juntos, adoraban a Dios en sus casas y compartían todo lo que tenían.

Cuando la Escritura define a la Iglesia como una familia, quiere resaltar el valor y la importancia de las relaciones. Cómo nos relacionamos unos con otros (Juan 13:35) y con nuestro Padre de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra (Efesios 3:15).

La familia no la eliges. “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, él os lo dé.” Juan 15:16.

En una familia se nace (Juan 3:1-15), por tanto, se acepta, se asume, se aprende.

La familia de Dios es un modelo de igualdad, de solidaridad familiar y de libertad.

En una familia cada uno de sus miembros tiene el mismo valor y recibe la misma consideración, no importa la edad que tenga o el rol que ocupe, lo diferente que sea, en la iglesia, “Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente” (Ro12:10).

 

En una familia se alienta y ayuda al crecimiento y la madurez de cada uno de sus miembros sin distinción, en la iglesia local se espera que: “Al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo. Por su acción, todo el cuerpo crece y se edifica en amor, sostenido y ajustado por todos los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro» (Ef. 4:15-16).

En una familia se puede hablar francamente sobre los conflictos y las diferencias, en un clima de mutua aceptación y de búsqueda conjunta de las soluciones mejores para todos; en la comunidad de fe el apóstol enseña: “Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados…” (Stg 5:16).

En una familia no hay mentiras ni secretos que impidan la sana construcción de la identidad sino que las relaciones son transparentes y genuinas, en la iglesia se espera que: “Por lo tanto, dejando la mentira, hable cada uno a su prójimo con la verdad” (Ef. 4:25).

La Iglesia es una familia porque da sentido y propósito nuevo a la existencia. Ofrece relaciones nuevas donde predomina el amor fraternal. Ofrece un sentido de pertenencia y arraigo comunitario y grupal. Todo esto la constituye en una comunidad terapéutica, porque afecta el meollo de las necesidades básicas del ser humano.

Hemos sido creados para vivir en Comunidad (Génesis 2:15-22)

Es cierto, que las personas se enferman  en Comunidad, pero se sanan también Comunidad. En esto último, la Escritura juega un importante papel.

Ayuda a las familias en las Escrituras.

  • La Escritura y su poderoso énfasis en el objetivo de vida familiar ofrece una moralidad que es capaz de resistir al egoísmo que la ética antropocéntrica de la realización personal impone.
  • Las Escrituras ofrecen unas sanas normas familiares que sirven para corregir patrones de conducta nocivos que suelen trasmitirse de generación en generación.
  • Las Escrituras ayudan a las familias a contrarrestar algunas de las presiones sociales a que están sometidas. Cómo por ejemplo el trabajo, el papel de la mujer, el individualismo, la pobreza, etc.

 

Si queremos proporcionar estabilidad y equilibrio a nuestras familias y por extensión a la iglesia, hemos de revisar el papel que la Escritura juega en nuestra vida, el valor y la importancia que ésta tiene para nosotros y para las generaciones que nos siguen.

Cielos y tierra pasarán, pero mis palabras permanecerán (Mateo 24:35), el aspecto escatológico de la familia que apunta al futuro y la permanencia.

 


Tags: Familia, Iglesia, Dios, Cristianismo

Publicado por carlosmartiroy @ 8:50  | Reflexiones
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