jueves, 02 de junio de 2011

TEXTO BÍBLICO: Juan 16:7 “Sin embargo, la verdad es que os conviene que yo me vaya. Porque si no me voy, el Abogado “Consolador” no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré.”

Asistimos al final de la presencia de Jesús entre sus discípulos, la hora de dejar este mundo para ir al Padre había llegado. Jesús tenía una plena conciencia del momento que estaba viviendo y su significado, era consciente que no había venido hacer su obra sino la del Padre, que de Dios había salido y a él volvía, (Juan 13:1-3 / 17:1-4), estas son las razones que inspiran las palabras de Cristo. El interrogante surge en ¿Cómo interpretarían los discípulos un momento y unas palabras como estas? Algunos pensarían nos está abandonando, todo se acabó y fue bonito mientras duró, incluso algunos estaban cargados de culpabilidad y frustración.

Jesús no piensa en sí mismo en ningún momento, de ahí, la muestra de su amor a los suyos, a los que amó desde el principio hasta el fin, después de todo lo vivido y lo que se aproximaba. Esa muestra de amor es lo que inspira su declaración respecto a su partida, “Os conviene que yo me vaya”.

Si repasamos los acontecimientos en la vida de los discípulos inmediatamente después de su muerte, podemos darnos cuenta que no entendieron nada y vivieron la partida de Jesús como un auténtico drama, lleno de dolor, tristeza, culpabilidad, frustración e incluso abandono. Fue cuando el Señor Resucitado les abrió el entendimiento por medio de las Escrituras (Lucas 24:45), cuando comenzaron a vivir y a interpretar la partida del Señor de una manera diferente.

El término en griego utilizado es sumphero, y en este pasaje se usa para referirse a una ventaja, utilidad y/o provecho.

Es evidente que Jesús en ningún momento estaba pensando en él, sino más bien, en sus seguidores, aquellos que iban a dar continuidad a su misión en la tierra.

La partida de Jesús no solo era conveniente para sus seguidores, también sus detractores la veían conveniente. (Juan 11:47-53), si bien es cierto, que pudiera suponer una ventaja para ellos, lo que no sabían es que estaba diseñado por Dios todo lo que ellos mismo estaban decidiendo en ese momento, y que el propósito de Dios trasciende a sus propios planes, haciendo de ellos unos peones más en su tablero de ajedrez. El mal que ellos estaban planeando, Dios lo iba a convertir en el corazón del mensaje del amor de Dios y la reconciliación entre Dios y la humanidad, una vuelta a casa para todo hijo perdido.

Lo que conviene condiciona lo que nos es lícito a la hora de tomar decisiones, y lo concilia con lo más ventajoso, útil y provechoso, no solo para nosotros sino también para los demás. (1ª Corintios 6:12); (1ª Corintios 10:23).

Lo que nos conviene sólo podemos entenderlo.

1.- A la luz del Plan Eterno de Dios más allá de nuestros planes y ambiciones personales.

2.- Desde el amor, actuando siempre en beneficio de los demás y no en el nuestro propio.

3.- Interpretando lo que sucede a la luz de la Escritura y no desde nuestros propios intereses u otras consideraciones personales.


Tags: Conveniencia, Entendemiento, Dios, Cristianismo

Publicado por carlosmartiroy @ 20:52  | Reflexiones
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios