martes, 07 de junio de 2011

 

Texto Bíblico: Gálatas 6:1-10

Es sorprendente ver como personas esperan en la vida cosas por las que no mueven un dedo para conseguirlas, sueños sin capacidad de trabajo, planificación y organización, que se quedan en meras ilusiones.

Otros viven en una constante contradicción y mantienen una lucha encarnizada deseando algo y actuando de manera contraria. El apóstol Pablo describe esta lucha, “Realmente no acabo de entender lo que me pasa ya que no hago lo que de veras deseo, sino lo que detesto. Pero si hago lo que detesto, estoy reconociendo que la ley es buena y que no soy yo quien lo hace, sino el pecado que habita en mí, pues soy consciente de que, en lo que respecta a mis desordenados apetitos, no es el bien lo que prevalece en mí; y es que estando a mi alcance querer lo bueno, me resulta imposible realizarlo. Quisiera hacer el bien que deseo y, sin embargo, hago el mal que detesto.  (Romanos 7:15-19).

Nos hemos sentido estafados, defraudados por un sistema capitalista popular que apela a los instintos más impropios del ser humano, como la codicia, la avaricia y el afán por poseer bienes, dejando atrás valores como la solidaridad, la justicia, la verdad, el esfuerzo y el trabajo honesto. ¿Qué esperábamos?

¿Qué esperas tu en la vida?, ¿Qué resultados esperas cosechar?, ¿Cuáles son tus expectativas respecto a tu vida, la gente que te rodea, tu jefe, la iglesia, tu familia?

Hay un principio bíblico que determina que sólo podemos esperar aquello que estamos dispuestos a sembrar. En otras palabras, nuestras expectativas sólo determinan nuestra conducta.

Jesús dijo “Por sus frutos los conoceréis, pues no se pueden recoger uvas de los espinos, ni higos de los cardos” Mateo 7:16.

Gálatas 6:7 No os hagáis ilusiones: de Dios no se burla nadie. Lo que cada uno haya sembrado, eso cosechará.

¿Qué determina realmente mi cosecha o los resultados que puedo esperar?

Sólo lo que estés dispuesto a sembrar. Hemos de sembrar aquello que deseamos cosechar. Jesús lo establece como regla de Oro en lo relativo a nuestras relaciones “Portaos en todo con los demás como queréis que los demás se porten con vosotros.” Mateo 7:12.

Proverbios 22:8 “Quien siembra injusticia cosecha desgracias…” Me sorprende que con determinados comportamientos queramos obtener una serie de resultados. Pretendemos ser aceptados, perdonados, amados, sin aceptar, perdonar y amar.

Pretendemos recoger frutos de justicia para nosotros, habiendo sembrado injusticias.

Oseas 8:7 “Puesto que siembran viento, cosecharán tempestad…”

Esta es una ley establecida por Dios que no puede ser violada. Una ley universal, para todos los hombres y mujeres, independientemente de su condición, moral, sexo, edad, nacionalidad. Para no creyentes y para creyentes. Una ley para todos.

Es una ilusión llegar a pensar que uno puede esperar algo que no ha sembrado u cosa diferente a lo que siembra. En este contexto, la neutralidad no existe, no hay acciones, decisiones y/o actitudes neutrales. Uno no puede adoptar la posición de Pilatos “me lavo las manos”. No existe una tercera vía.

El apóstol nos plantea diferentes escenarios en los que se aplica esta ley universal.

1.- En nuestras relaciones con los demás.

1.1 Los débiles y aquellos que incurren en falta

1.2 Conciencia de nuestra propia debilidad para evitar la presunción, soberbia y orgullo.

1.3 La responsabilidad individual y personal frente a las comparaciones con el resto.

2.-  Nuestra responsabilidad material respecto aquellos que siembran lo espiritual en nosotros. Reconocimiento del valor de aquello que es inmaterial. No interpretar todo en clave del valor material de las cosas.

3.-  Nuestro comportamiento moral.

4.- Servicio Cristiano. Tiempo de oportunidad para servir como nunca. El concepto de hacer el bien es genérico, no sólo aplicable en el ámbito de la acción social, sino también de la acción pastoral y espiritual de la comunidad cristiana.

CONCLUSIÓN

¿Qué esperamos de los demás?, ¿Qué esperamos de la iglesia?, ¿Qué esperamos de la familia?, ¿Qué esperamos de Dios?, ¿Qué esperamos de nuestro trabajo y de nuestros Jefes?, ¿Qué esperamos de las autoridades y de los políticos?

La respuesta la encontramos en ¿Qué estamos sembrando?

Junto con este principio existe otro importante “Quien siembra con miseria, miseria cosechará; quien siembra generosamente, su cosecha será generosa.” 2ª Corintios 9:6.

Tenemos cosecha asegurada o garantizada “a su tiempo”.

En el versículo 9 aparece una debilidad humana, bien conocida por todos. Hacer el bien requiere un esfuerzo continuo, un trabajo constante; pero la naturaleza humana, amiga de lo fácil, carece de perseverancia y su tendencia es claramente al desánimo y cansancio. Esto ocurre cuando los resultados se demoran en aparecer, cuando los que debían ayudar no cooperan y cuando parece que todo es igual para todos y no existe por tanto una recompensa.

Así pues, el apóstol les recuerda que segaremos “a su debido tiempo”, término que casi siempre nosotros lo asociamos a un resultado rápido. Y no es como, ni cuando nosotros lo determinemos, sino cuando lo determine el Señor. El cronos es del Señor. Mientras tanto, tú vive en el Kayros y aprovecha las oportunidades de hacer el bien. No te conformes a las que pasen por delante de ti, sin tú hacer nada por crearlas. Aprovecha y crea oportunidades de servicio a tu prójimo y Dios. “Dadles vosotros de comer”.

 

 

 


Tags: Siembra, Cosecha, Resultados, Acciones, Conducta, Dios, Jesucristo

Publicado por carlosmartiroy @ 8:50  | Reflexiones
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