Lucas 14:25-33 (Biblia en Lenguaje Sencillo)
Una gran cantidad de gente caminaba con Jesús. De pronto, él se volvió y les dijo: "Si alguno de ustedes quiere ser mi discípulo, tendrá que amarme más que a su padre o a su madre, más que a su esposa o a sus hijos, y más que a sus hermanos o a sus hermanas. Ustedes no pueden seguirme, a menos que me amen más que a su propia vida. Si ustedes no están dispuestos a morir en una cruz y a hacer lo que yo les diga, no pueden ser mis discípulos.
1ª Ilustración
"Si alguno de ustedes quiere construir una torre, ¿qué es lo primero que hace? Pues se sienta a pensar cuánto va a costarle, para ver si tiene suficiente dinero. Porque si empieza a construir la torre y después no tiene dinero para terminarla, la gente se burlará de él. Todo el mundo le dirá: "¡Qué tonto eres! Empezaste a construir la torre, y ahora no puedes terminarla".
2ª Ilustración
"¿Qué hace un rey, que sólo tiene diez mil soldados, para defenderse de otro rey que lo va a atacar con veinte mil? Primero tendrá que ver si puede ganar la batalla con sólo diez mil soldados. Y si ve que no puede ganar, aprovecha que el otro rey todavía está lejos y manda mensajeros a pedir la paz.
"Por eso, piénsenlo bien. Si quieren ser mis discípulos, tendrán que abandonar todo lo que tienen.
Vivimos tiempos difíciles, estamos siendo testigos en directo de una gran convulsión mundial, el sistema económico y financiero ha fallado, cual tsunami ha arrasado con las expectativas de muchas familias. Asistimos a las revoluciones del mundo árabe que exigen más libertad y democracia, incluso en nuestro propio país hemos vivido lo que se ha denominado el movimiento 15M. Tiempos de convulsión, revueltas, conflictos y de gran contestación ciudadana. Todo ello fruto de la decepción, de una generación descreída, me refiero a los que se encuentran en la franja de edad entre los 30 y 45, generación que ha sido testigo del fracaso de las ideologías políticas, y por otro lado, una generación que siendo el futuro de toda nación, vive sin futuro pues se les ha negado. Esto que comentamos hoy está ocurriendo en este momento y somos testigos de ello gracias a la revolución tecnológica y medios de comunicación.
Hoy en España un 72 % de la población se confiesa católica, pero el 52 % no asiste nunca a la iglesia. Un 2,5% aprox. Se confiesa abiertamente creyente en otras religiones que no son la católica, el resto se consideran ateos y no creyentes, este último dato, evoluciona y crece en los últimos años.
Es curioso comprobar cómo confesándose mayoritariamente católicos y/o creyentes, la mayoría de la sociedad española no confía en la Iglesia. Te has preguntado ¿Por qué? Una sociedad que se considera creyente en Dios, no confía, ni cree, ni asiste o participa en la iglesia. Esto evidencia una profunda desafección de la sociedad respecto a la iglesia como Institución religiosa. Junto con los políticos, la iglesia se ha convertido en una Institución poco creíble y menos confiable. En términos banqueros, e incluso de tarjeta de recarga de telefonía móvil, el crédito de la Iglesia, como Institución es nulo y/o está a punto de agotarse.
¿Cómo una sociedad como la Española e incluso la Europea, que en sus orígenes y durante mucho tiempo en su historia, ha mantenido una cultura cristiana, en este momento, vive una crisis de confianza de tal magnitud?
Es preocupante la actitud de la sociedad hacia la Iglesia Cristiana. En mi opinión, la pérdida de credibilidad tiene que ver con la falta de consecuencia de vida. La fe cristiana, representada mayoritariamente en España por la Iglesia Católica, no es creíble y eso, es debido a que no somos percibidos los cristianos como una comunidad que encarna los valores que defendemos y aseguramos ser verdaderos.
En una sociedad pluralista –y la nuestra lo es- las únicas formas de ver la vida que pueden sobrevivir son aquellas que cuentan con una buena estructura de credibilidad. Este tipo de estructura es descrito, por los sociólogos, como un grupo humano que encarna los valores y estilos de vida defendidos por una cosmovisión en particular. La carencia de este tipo de estructuras en un mundo pluralista, relativista y tolerante pone en peligro de extinción cualquier tipo de modo de ver la vida, por mucho que el mismo pueda clamar ser la verdad con mayúsculas o minúsculas.
Esta reflexión nos sitúa en el mismo corazón del pasaje bíblico seleccionado, muchas gentes acompañaban a Jesús pero no todos le seguían como sus discípulos. Jesús se dirige a todos aquellos que de una u otra manera le acompañan, podríamos incluso pensar que este mensaje tiene un público objetivo claro, que es la sociedad que se considera o confiesa cristiana.
El eje central del discurso gira entorno al proceso o camino entre el querer y el poder, entre la decisión o expresión de la voluntad y la consecuencia de vida. El fin es llegar a ser discípulo de Cristo, una vez más vemos la preeminencia del ser sobre el hacer. Ser discípulo tiene que ver con el carácter y el estilo de vida, no simplemente es una cuestión de dogmas y/o buenas o malas obras. Las obras revelan lo que somos más allá de lo que confesamos ser. Frente a la tentación del “Seréis como dios”, al desafío de “Ser como Cristo”, bástale al discípulo llegar a ser como su maestro.
Es evidente que todo comienza con un acto de voluntad, no es cuestión de sentimientos, sensaciones e ilusiones. Para llegar a ser, lo primero hay que querer. Existe un dicho popular que declara “hace más el que quiere, que el que puede”. Querer es Poder.
Muchos creyentes se formulan la pregunta ¿Qué puedo hacer?, pero lo correcto sería preguntarnos ¿Qué quiero ser?, esa es la primera y crucial decisión que hay que tomar en nuestra vida cristiana. Llegados a este momento, hemos de tener claro que es lo que Dios quiere de nosotros; Romanos 8:28 y 29. Según estos versículos queda clara la intención de Dios, habiéndonos amado y aceptado tal y como somos, no quiere dejarnos así para siempre, quiere cambiar y forjar en nosotros el carácter y estilo de vida de Jesús, de ahí nuestra propia denominación “cristianos”.
Una vez le preguntaron a un escultor como podía tallar la cabeza de un león utilizando un voluminoso bloque de mármol. Su respuesta fue sencilla “sencillamente elimino lo que no se parece a la cabeza de un león.” Dios trabaja continuamente en nuestro ser y elimina todo aquello que no se parece a Cristo; la impaciencia, la irascibilidad, el orgullo, los impulsos emocionales, pensamientos y/o actitudes que nos separan de Dios. Ese es su plan al que está entregado, y nosotros ¿asumimos ese plan para nuestra vida?, ¿Queremos ser semejantes a Cristo?; en muchas ocasiones perdemos de vista que este debe ser nuestro objetivo principal, que no es ser el mejor pastor del mundo, con la iglesia más grande del mundo, el mejor director de alabanza, líder de jóvenes, evangelista, sino lo que ésta sociedad necesita y busca, ser como Jesús, en otras palabras, ser auténticos.
El cristianismo no consiste en ninguna otra cosa, que no sea llegar a ser conforme a la imagen de Cristo. Para ello, se hace obligado que nuestra vida se oriente y organice en torno a ese plan y/o prioridad.
Paso primero.- Sentarse a pensar. No podemos seguir la inercia de los tiempos, dejándonos llevar e improvisar una y otra vez, esperando que el tiempo haga que las cosas cambien, hay que pararse, si algo en tu vida y/o familia no funciona no sigas las inercia, los problemas que no se abordan terminan desbordándonos a nosotros mismos, de lo que no ocupas termina siendo tu mayor preocupación, no te dejes llevar, Párate y piensa, fíjate un objetivo y defino un plan, el resto depende de tu grado de fidelidad a lo establecido, pero todo empieza en el Pensar, nuestra vida debe ser el resultado de una seria reflexión y no simplemente la reacción ante lo que acontece.
Paso segundo.- Pensar en el coste que tiene poder ser.
Paso tercero.- Pensar en lo que tengo y lo que necesito para llegar a ser.
Paso cuarto.- La acción consecuente. Este es el espacio que tiene el hacer en la vida cristiana, nuestras acciones y/u obras son el medio que evidencia nuestra consecuencia de vida. Efesios 2:4-10; Mateo 7:15-20.
Este pasaje nos da una explicación sobre el porqué se producen deserciones en la iglesia. “Empezaste a construir la torre, y ahora no puedes terminarla". La toma de decisiones desde la euforia sin la reflexión necesaria es causa de deserción para muchos.
CONCLUSIÓN
Es cierto que ya es demasiado tarde para volver atrás, pero posiblemente tengamos la necesidad de reorientar nuestra vida, de pensar antes de actuar, y de estar dispuestos a asumir, en términos de consecuencia de vida, nuestra firme decisión y vocación de ser semejante a Cristo. No debemos vivir en la contradicción de querer ser semejantes a Cristo y luego en el momento de la toma de decisiones y de actuar en consecuencia ver que no podemos actuar y cumplir con la expresión de nuestro deseo y voluntad, la falta de consecuencia de vida es lo que nos convierte en el hazme reír y la burla de la gente, y nos condiciona en cuanto a nuestras pretensiones de influencia, relevancia y participación en la vida de nuestras ciudades. Nosotros somos los que debemos hacernos valer en nuestro entorno, dar valor a nuestra fe, convertirnos en personas creíbles y confiables, viviendo conforme lo que defendemos, predicamos y creemos. Si la sal pierde su sabor ¿para qué sirve? La utilidad social de cualquier grupo humano organizado, depende de que éste no se traicione así mismo, no pierda su carácter y sus valores, dicho de otra manera, encarne los valores y el estilo de vida que defiende.
Tags: Auténticidad, Cristianismo Real