Mi?rcoles, 30 de diciembre de 2009

 

Nos encontramos en los últimos días del 2009, un año de crisis no tan solo económica y financiera, sino también una crisis de valores que pone en evidencia todo un sistema capitalista injusto e insolidario. Una crisis dura que nos ha enseñado que el dios de las riquezas tiene sus pies de barro, que no podemos vivir por encima de nuestras posibilidades y hacer del consumismo una vía de escape a nuestros sentimientos de inseguridad y miedos,  y que el llamado estado del bienestar hace aguas por todos lados y se pone en cuestión cada vez que vienen las vacas flacas, mientras que unos pocos se enriquecen de manera injusta, inmoral y especulativa. En definitiva,  2009 ha sido un año muy difícil para personas y familias.

Aún siendo un año difícil, no deja de ser por ello uno más en el curso de nuestra vida, de él guardamos recuerdos, unos gratos y otros amargos. Durante este año seguro que hemos vivido experiencias placenteras, pero también desengaños y frustraciones; días de luz y días de oscuridad, de paz y de turbación, momentos de fortaleza, dinamismo y fe y otros de extrema debilidad y duda.

A cierta distancia de lo acontecido en este año, podemos afirmar que todas las experiencias vividas contienen lecciones saludables que contribuyen a nuestro crecimiento personal y madurez, por lo que deberíamos dar gracias a Dios. El tiempo juega en nuestra vida un papel de maestro que nos instruye, nuestras experiencias se suman a las antiguas y forman parte de ese discurso que conforma nuestra vida. De todo ello aprendemos, y contribuye para nuestra formación, progreso y maduración como personas y creyentes.

Filipenses 4:11, 12 y 13 “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir (alguien dijo que vivir no es simplemente existir) humildemente, y se tener (Jesús dijo: la vida del hombre no consiste en los bienes que posee) abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, (frase clave en el argumento del discurso) así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Si para algo sirve nuestra experiencia en la vida es para aprender. El apóstol Pablo así lo  afirma en el pasaje que hemos leído. El aprendizaje es el aprovechamiento de nuestra experiencia vital al máximo, Sólo una cosa es más dolorosa que aprender de la experiencia, y es, no aprender de la experiencia.  Laurence Johnston Peter (1919-1990) Profesor y escritor canadiense. Y es que como afirma un dicho popularmente conocido “nadie aprende en cabeza ajena”, dicho de otra manera, “hay alguien tan inteligente que aprende de la experiencia de los demás”.  Voltaire (1694-1778) Filósofo y escritor francés”.

Aprender es una función vital, tal y como afirma el filósofo griego Aristóteles; es un proceso que noble que abarca toda la vida, como diría Sófocles (Poeta trágico griego) “Noble cosa es, aún para un anciano, el aprender”. A vivir se aprende toda la vida. Lucio Anneo Séneca (2 AC-65) Filósofo latino.

Aprender es como remar contra corriente: en cuanto se deja, se retrocede, declara  Edward Benjamín Britten (1913-1976) Compositor británico. Aprender es progresar, cuando uno deja de aprender deja de progresar, de avanzar en la vida.

No es fácil aprender, Wiston Churchill dijo: “Personalmente siempre estoy dispuesto a aprender, aunque no siempre me gusta que me den lecciones”.  

Aunque la mayoría de las lecciones nacen en nuestras propias decisiones acertadas o equivocadas. Bertrand Russell (1872-1970) Filósofo, matemático y escritor inglés dijo “Lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar”.

La mayoría de las lecciones que hemos aprendido en nuestra vida se encuentran en nuestros fracasos, como dijo Charles Dickens “Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender”. El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse.  Winston Churchill (1874-1965) Político británico. El aprendizaje en la vida nos hace personas libre de miedos, temores y complejos. Nos hace personas dichosas.

El apóstol había aprendido algo de suma importancia, aprendió a contentarse o sentirse satisfecho en cualquiera que sea su circunstancia, y es que las circunstancias son temporales, acordaros sino de “no hay males que cien años duren”, tampoco bienes. No obstante, hay quienes sufren y se pasan la vida lamentando y quejándose por lo que no tienen y no disfrutan de aquello que realmente poseen.

El ojo no se cansa de ver, ni el corazón de desear, el ser humano no deja de ambicionar y de codiciar aquello que no tiene. La codicia desmedida y la avaricia incontrolada son los dos grandes pecados que nos han llevado a la situación de crisis que estamos viviendo actualmente. San Agustín declaraba que la avaricia es como una máquina de fraudes para embaucar a alguien y conseguir, no lo propio, sino lo ajeno a modo de negocio” (Sermón 78,3-6), lo que viene muy a propósito de la presente crisis económica.

“He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación”, si uno lee detenidamente la biografía de quien suscribe estas palabras puede rápidamente darse cuenta que su vida no fue nada fácil, ni estuvo carente de necesidades, enfermedades y sufrimientos, pero esta actitud frente a lo vivido determina el estado de libertad con el que vive por encima de las circunstancias temporales, libertad que le posibilita el contentamiento en la vida, frente a la lamentación y queja permanente.

Sigue diciendo “en todo y por todo estoy enseñado”, esto muestra ese aprovechamiento total de su experiencia vital, puede que nos preguntemos, ¿se puede aprender algo de la enfermedad y el dolor?, ¿Se puede aprender algo de una mala situación económica y/o de necesidad?, ¿Se puede aprender algo de la pérdida, sea esta afectiva, sentimental, económica, y/o relativa a la salud?

El apóstol contesta claramente en la afirmación anterior y culmina con la frase tan recitada, comentada y conocida por todo creyente lector de la Escritura “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, o dicho de otra manera, Cristo me da fuerzas para enfrentarme a toda clase de situaciones. Es importante destacar que el énfasis no descansa tanto en las capacidades personales como en la voluntad de permitir al poder de Cristo sostenerle en medio de la dificultad y necesidades.

Es la naturaleza y vigor de la fe del apóstol lo que constituye un estimulante  para confiar en la absoluta suficiencia de Cristo en todas las circunstancias de la vida. Un proverbio chino afirma “las grandes almas tienen voluntades; las débiles tan sólo deseos”, La grandeza del apóstol frente a la adversidad y/o necesidad descansa en la voluntad expresada por él de permitir que Cristo con su poder y suficiencia le sostenga en medio de las dificultades y en la abundancia también, no olvidemos que los riesgos no sólo están en la escasez o necesidad, sino también en la opulencia o abundancia.

Es bueno que realicemos un repaso del año desde esta actitud y ver cuántas cosas hemos aprendido en este año, para que el contentamiento y el agradecimiento, dos virtudes cristianas que marcan absolutamente la diferencia, fluyan en nuestra vida y despierten en nosotros y en otros el entusiasmo, la ilusión, la pasión y la fe en Cristo.

Al final los recursos de los que disponemos para enfrentar el año que viene, son los aprendidos durante este año.

 

 

 


Tags: Experiencia, Vida, Aprender, Cristianismo, Dios

Publicado por carlosmartiroy @ 13:25  | Reflexiones
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