Jueves, 11 de marzo de 2010



Mateo 6:24 (Biblia en Lenguaje Sencillo)"Ningún esclavo Puede trabajar para dos amos Al mismo tiempo, Porque siempre obedecerá o amará más A Uno Que a otro. Del mismo modo, tampoco ustedes Pueden servir, al mismo tiempo a Dios ya las riquezas."

La palabra utilizada para "riqueza" en griego es mamoná y representa un poder personificado que domina al mundo. El refranero popular diría "poderoso es don dinero", de esta manera también personificamos al poder que representa el dinero y que domina gran parte de nuestro mundo.

Nuestro sistema capitalista y materialista sitúa a este poderoso caballero como el eje central de la política y del bienestar. Estamos inmersos en una de las crisis más severas que hemos vivido en estos últimos años, todos reconocían que el sistema había fracasado, la falta de controles y de valores, la causa principal de tal fracaso. Todos los gobiernos habían aprendido y estaban dispuestos a reformar el sistema, todo ha quedado en lo que se llama “canto de sirenas”. A esto hay que añadirle la adoración y veneración que todo ser humano tiene y siente por el poder. La codicia por el poder, claramente vinculado y determinado por don dinero, ha caracterizado siempre al ser humano. Fue precisamente esa ambición la que desde el principio de la humanidad, según la revelación bíblica, condujo a la degradación ética, moral y espiritual del hombre y la mujer. La sed de poder se hace evidente por la ambición desmedida de poder, fama e influencia, y esto se pone claramente manifiesto en la vida política, social, familiar, en los negocios, en el mundo profesional e incluso en la religión.

Es evidente que el poder personificado y representado por la riqueza, o dicho de manera más estricta el amor y la devoción por el dinero, es devastador y compite claramente con cualquier otra divinidad. En este sentido, se pone de manifiesto los principios de una modalidad o forma de religión, cuyo dios es el dinero y su profeta más destacado el ansia de poder, que promete al individuo su autogobierno, autosatisfacción y auto divinización, rechazando cualquier otra divinidad. En términos Bíblicos estaríamos ante un fenómeno de idolatría, raíz de todos los males.

Cuando uno se acerca a la Biblia ha de tener en cuenta que la Escritura no busca defender la existencia o no de Dios, sino que este es un hecho incuestionable, tampoco es un tratado que defiende el hecho de creer o no creer en Dios, sino que va mucho más allá que eso, revela el carácter religioso del ser humano y su necesidad de creer en algo o alguien, y de servir a ese algo o alguien.

Todos creemos  en algo o alguien y servimos a alguien o algo, la cuestión es si merece la pena aquello en lo que creemos o a lo que servimos, hasta que punto, lo que creemos y servimos, nos libera o nos esclaviza, nos mejora o nos degrada, nos convierte en el mejor aliado y amigo de nuestro prójimo o simplemente el prójimo es un medio para conseguir mis fines e intereses personales.

El punto de partida en este texto bíblico es nuestra condición de esclavos, es decir, por mucho que creamos que somos seres autónomos, autosuficientes e independientes, queda de manifiesto que no. Desde la caída del primer hombre y de la mujer en la tentación de auto divinización del individuo, nos hemos creído, o nos han hecho creer, que somos autónomos e independientes, y que la fe en Dios es una carga y una limitación del individuo o muletilla de los más débiles, como hemos visto el ser humano tiene y siente la necesidad de creer, la pregunta es  ¿En quién crees y a quien sirves?

Si realmente te interesa descubrir en quién crees y a quien sirves, lee el salmo 115:1-8 habla de Dios y de los ídolos, sabemos que un ídolo no es simplemente una imagen sino que es todo aquello que ocupa un lugar preeminente en nuestra vida, puede ser una relación, el trabajo, el amor al dinero, el deseo de poder, etc. El versículo 8 nos dice "Semejantes a ellos son los que los hacen y cualquiera que confía en ellos", en otras palabras, podríamos afirmar que nos convertimos en aquello que adoramos o en aquello en que confiamos y servimos.

Mírate a ti mismo y piensa en tu agenda, en tus prioridades, en tus relaciones, observa que ocupa tu tiempo, en que inviertes tu dinero, que condiciona tu descanso e incluso tu salud, de esta manera descubrirás a quien sirves y en quién crees.

La vida es elegir, es una difícil tarea porque nos sitúa en el centro de nuestras decisiones y por tanto de nuestra responsabilidad, además de vivir las consecuencias de nuestras elecciones.

Pensar que podemos llegar a estar menospreciando a Dios, es una dura contradicción, pero la manera en que vivimos puede convertirse en eso porque no podemos trabajar para dos señores al mismo tiempo, y ¿quién les hizo señores? tú y yo cuando les otorgamos la preeminencia en nuestra mentalidad, actitud y decisión.

¿A quién obedecemos más?, por supuesto a aquel que más amamos, así pues, Obediencia y Amor están intrínsecamente ligados aunque nosotros podamos divorciar estas palabras en nuestra mente y en nuestros dichos. No se puede obedecer sin amar, y no se puede amar sin obedecer.

Reflexiona ¿a quién sirves?; ¿en quién crees? 

Observa tus últimas decisiones, tu agenda, tus prioridades, tu tiempo y dinero, eso te va a servir para contestar a las preguntas anteriores.

Servir y Creer en Dios significa un cambio significativo en tu vida, dotándote de propósito y significado y ofreciéndote la capacidad de disfrute y gozo que de otra manera no sería posible. No te libra de la enfermedad, de la dificultad, pero si te permite vivirla de forma diferente descubriendo que cuanto más de manifiesto se pone nuestra debilidad más oportunidad de ver y experimentar el poder de Dios tenemos.

 

 


Tags: Dios, idolatría, religión, riqueza, materialismo, creer

Publicado por carlosmartiroy @ 10:24
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