Lunes, 11 de abril de 2011

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Juan 8:31-32

En primer lugar, hemos de reconocer que la libertad ha sido, y es un tema muy atractivo, la b?squeda de la libertad, para muchas personas, se ha convertido incluso en una obsesi?n, y dedican su vida en buscarla. Para algunos se trata de un asunto nacional, la emancipaci?n de un yugo colonial o de la? tiran?a de un dictador. Para otros, est? relacionado con los derechos civiles, y alzan sus protestas contra la discriminaci?n racial, religiosa, o ?tnica. A otras personas, les interesa la b?squeda de la libertad econ?mica, libertad frente al hambre, la miseria, la pobreza, el desempleo, etc. Al mismo tiempo, a todos nos preocupa nuestra libertad personal e individual.? Son muchos los esfuerzos y recursos que se gastan en campa?as a favor de las libertades que hemos mencionado anteriormente. Frecuentemente todos los que luchamos por estas libertades, hemos de reconocer que no somos muy libres. Y que no siempre podemos se?alar con claridad y poner nombres a las diferentes tiran?as que nos oprimen y esclavizan.

Cuando uno se acerca a este pasaje descubre que la libertad es algo que se aprende, que no basta s?lo con creer, sino que adem?s hay que permanecer, para poder ser un verdadero disc?pulo, entonces reconoceremos la verdad por experiencia personal y esto nos har? libres.

Jes?s se dirige a aquellos que hab?an cre?do en ?l. Y les deja claro que adem?s de creer hay que permanecer, desgraciadamente, permanecer en la iglesia no determina que uno este permaneciendo en su palabra, no todo el que entra a un bar es un borracho, de la misma manera, no todo el que entra en una iglesia es cristiano, en muchas ocasiones, la rutina, costumbre, tradici?n, superstici?n y/o miedo sustituyen o reemplazan los verdaderos motivos por los que somos iglesia, m?s que venir a la iglesia. Permanecer en Cristo y en su palabra requiere:

  • Intencionalidad
  • Determinaci?n
  • Esfuerzo
  • Constancia

?En qu? hemos de permanecer?, en su Palabra. No es permanecer en la iglesia, sino en su Palabra. Pues s?lo permaneciendo en su Palabra, permaneceremos en su Iglesia. (1? Tesalonicenses 2:13; Hebreos 4:12).

S?lo permaneciendo en su Palabra, seremos verdaderamente sus disc?pulos. Y siendo disc?pulos podremos experimentar su verdad que nos hace libres.

El aprendizaje se podr?a definir como un proceso de cambio relativamente permanente en el comportamiento de una persona generado por la experiencia. De ah?, que sea importante pensar que no puede seguir todo igual, si esto es as?, es que no estamos aprendiendo nada.

Dicho cambio debe ser perdurable en el tiempo.

Al referirnos al aprendizaje como un proceso de cambio en la conducta, asumimos el hecho de que el aprendizaje implica, adquisici?n o modificaci?n de conocimientos, estrategias, habilidades, creencias y actitudes.

El aprendizaje es un subproducto del pensamiento (Romanos 12:1-2). Aprendemos pensando y la calidad del resultado est? determinada por la calidad de nuestros pensamientos. (Filipenses 4:8-9)

Es una capacidad exclusivamente humana. Consiste en adquirir, procesar, comprender y finalmente aplicar una informaci?n que nos ha sido ense?ada.

El cambio se produce tras la asociaci?n entre el est?mulo y la respuesta. (Serm?n del Monte, par?bola de los dos cimientos).

Cristo es el maestro y el contenido (Mateo 11:29; Juan 5:39 y Efesios 4:20)

Para el aprendizaje, algo que hemos de tener siempre en cuenta es la motivaci?n. Aqu? es donde encontramos verdaderas dificultades, no encontrar la utilidad de lo que aprendemos y su aplicaci?n pr?ctica en nuestro diario vivir, es causa de frustraci?n y abandono. No podemos seguir engordando, es decir, tener una cultura de venir a la iglesia y seguir escuchando domingo tras domingo sermones, es decir, recibiendo una informaci?n, que por importante que sea a priori, no le encuentro la utilidad ni la manera de aplicarla a mi vida.

En este punto, es importante tener claro lo que uno quiere ser, no se puede pretender ser maestro de escuela y estudiar ingenier?a de telecomunicaciones. Y esto quiere decir, que uno debe tener claro lo que debe ser. Nos formamos principalmente para ser.

Y posteriormente para hacer, es decir aprendemos para emprender. Ya conocemos el final de aquellos que no emprenden en lo que aprenden (Mateo 7:24-27)

Hay que emprender, y aqu? es donde entra el debate sobre la fe y las obras. Efesios 2:8-10.

La fe sin obras est? muerta (Santiago 2:14-26)

La gran comisi?n (Mateo 28:18-20)

Luz y Sal (Mateo 5:13-16), despu?s de hablar de lo que debemos ser, entonces presenta el obrar como la consecuencia de lo que somos y nuestra raz?n de ser aqu? y ahora, que no es otra, que la humanidad.

No todos podemos emprender, porque no todos hemos aprendido a ser libres de nuestro pecado, maldad, culpa, ego, miedo o temor. Somos esclavos del rencor, del odio, del resentimiento, de la mala conciencia, del miedo al fracaso, del ego en todas sus acepciones, individualismo, ego?smo, comodidad, facilismo, h?bitos y costumbres no deseables y poco saludables.

S?lo podremos ser libres, si el Hijo de Dios nos libertare (Juan 8:36), de ?l y a ?l hemos de aprender para ser verdaderamente libres.

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Tags: Aprender, Emprender, Cristianismo, Iglesia

Publicado por carlosmartiroy @ 10:05  | Reflexiones
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